Hasta hace una década, la ganadería de Sepúlveda era preferida por las figuras y asidua en las ferias. Pero pronto empezó a perder la identidad y a degenerar en comportamiento, de modo que la vacada salmantina se vio inmersa en un profundo bache al que ahora parece haber puesto ya remedio. Hace siete años, Iñigo Sánchez-Urbina refrescó con acierto la ganadería y los resultados están ahí: varios toros y novillos de vuelta al ruedo y la confianza de toreros y empresarios hablan de la nueva etapa en Sepúlveda.