Como debutó tan joven, resulta que han pasado veintidós años desde que Antonio Domecq empezara en el mundo del rejoneo. Atrás, épocas en la cúspide haciendo pareja con su hermano, momentos muy difíciles y ese ejercicio tan costoso que supone empezar otra vez de cero. Sin haber cumplido los cuarenta, pero con la madurez que dan el tiempo, los triunfos y las adversidades, asegura mantener la ilusión del primer día. Y aunque el triunfo no amarga a nadie, él antepone la satisfacción de dejar huella con su toreo a caballo.