Todos los que estamos acostumbrados a pisar el campo bravo un día sí y otro también hemos oído historias sobre terneros bravos que acometen a las pocas horas, e incluso escasos minutos después de nacer. Y desde que hace unos años se instaurara la obligatoriedad de poner crotales identificativos a los becerros bravos, más de uno hemos presenciado cómo el berrinche de verse inmovilizado lo pagaba el recental emprendiéndola a topetazos con el vaquero, o incluso persiguiendo con saña al caballo en el que éste se montaba una vez puesto el antiestético artilugio en su oreja.