Hace veintitrés años, Domingo Hernández decidió que había llegado el momento de cumplir uno de sus sueños, tener una ganadería de la Unión. Casi de repente se encontró con dos hierros. Uno, el que había sido propiedad de los hermanos Blanco Corisco, y el otro, el que había pertenecido a Amelia Pérez Tabernero. Con el primero nació la ganadería de Garcigrande, que se formó con cuarenta vacas de Juan Pedro Domecq y dos sementales del mismo hierro. Desde entonces, y hasta hoy, la evolución de la ganadería ha sido impresionante, creciendo cada vez más en calidad y cantidad, hasta llegar a ser una de las vacadas punteras del actual panorama ganadero.