Vamos a prohibir a las águilas imperiales –como hay tantas–, cazar inocentes conejillos. Y también a los linces, a los tigres y a los leones, y a todos los depredadores que desde hace milenios tanto daño han hecho a la cadena ecológica.
Y les vamos a poner un precioso collarcito con GPS de serie; para que no se pierdan en la inmensidad de sus jaulas en los zoológicos. Y a los toros, y a los toreros, y a todos los cazadores y ganaderos del planeta.
Sí, a los hombres también. Y van a estar todos monísimos.